Los lugares de culto en el Palo Congo Mayombe

KUNA-NKISI LOS LUGARES DE CULTO
COMPRAR

La mayor parte de este libro está dedicado al análisis de cómo es un “nso nganga”, cuáles son sus características y cómo está organizado. Por último, se procede al análisis de dos “nsó-nganga” concretos (uno establecido en La Habana y el otro en Madrid). En este libro se hace un estudio del carácter sobrenatural que el ngangulero otorga a la naturaleza y se hace una clasificación y descripción de los “kuna-nkisi” o lugares de poder que cumplen la función de “templos naturales”. Del gran “templo natural” se pasa luego al estudio del “muna-nso” o casa del ngangulero, en la que hay una habitación considerada como un lugar sagrado que está reservado para el desarrollo de las prácticas rituales de culto y de hechicería  y como ejemplos concretos se ofreces el “nso nganga” de Che o Barreto y el “muna-nsó” de Gangarika (Jovellanos, Matanzas).

NFINDA: EL TEMPLO NATURAL

En el plano del culto, el Palo Monte Mayombe se caracteriza por ser un sistema religioso en el que hay una ausencia total de verdaderos templos arquitectónicos en los que los oficiantes y los fieles pudieran expresar su piedad.

Esta ausencia de templos se debe a dos factores esenciales:

1ro) Todas las prácticas religiosas de culto y de hechicería tienen un carácter secreto, por lo que nunca podría desarrollarse en templos.

2do) Al ngangulero no le gusta en modo alguno aislarse de la naturaleza, y esta debe actuar sin intermediarios y sin obstáculos, tanto en los oficiantes como en aquellos iniciados o «rayados» que participan en los misterios del Palo Monte Mayombe.

Por otra parte, el carácter mismo de la vida litúrgica afrocubana es absolutamente incompatible con la idea del templo como recinto arquitectónico. Lo que verdaderamente le importa al afrocubano es poder mantener un estrecho contacto con el universo, vivir en simbiosis con él, y no apartarse de él en ningún momento de la existencia.

En efecto, la vida religiosa del afrocubano gira en torno a la naturaleza, constituida como un gran «templo natural». La «creación» para el afrocubano constituye el trámite por excelencia del espíritu que permite situar al hombre en función de ciertas coordenadas: un mundo espiritual, un mundo animal, un mundo vegetal, y un mundo inorgánico; y afirmar al mismo tiempo su total pertenencia a todos estos medios y su posición transcendente respecto a los mismos.

La madre naturaleza o universo, llamada «Nfinda» por los nganguleros, es realmente quien contiene todo un campo de significados y otorga al afrocubano un lenguaje que le permite y facilita el situarse en el mundo y en la sociedad, y poder salir del estado de confusión que le producen las contradicciones de la propia existencia, como por ejemplo: la enfermedad, la muerte, o el infortunio.

El carácter de la vida religiosa y las características del posicionamiento del afrocubano en el universo, hacen incompatibles la existencia del templo arquitectónico, que sería un absurdo, un sin sentido. Sin embargo, el afrocubano dispone de un «templo» universal constituido por la naturaleza, a la que llama «Monte», y que recibe distintos nombres de acuerdo con el sistema religioso afrocubano: «Igboʺ (trad. lucumí, monte) en la Regla de Osha, «Anaforuana» (trad. brícamo carabalí, monte) en la Regla Abakuá, o «Nfinda» (trad. congo, monte) en el Palo Monte Mayombe.

Los afrocubanos llaman «Monte» a la madre naturaleza o universo, todo cuanto existe; sin embargo, también llaman «monte» a todo ámbito que esté en oposición a lo urbano y a la acción directa del hombre: la selva, el bosque, la manigua y la sabana.

Con el objeto de evitar equívocos, ya que dicha palabra tiene una u otra acepción según el contexto en que se emplee, optamos por el empleo de la mayúscula y de la minúscula para establecer la siguiente diferenciación: «Monte» en el primer caso (madre naturaleza o universo), y «monte» en el segundo caso (medio natural en oposición al ámbito urbano). Así, cuando usamos la voz «Nfinda» se hace referencia a la primera acepción, y «nfinda» a la segunda; pudiéndose traducir «Nfinda» o «nfinda» como «Monte» o «monte».

Lydia Cabrera señala (1975a: 13-14) con acierto el hecho de que los afrocubanos creen en la espiritualidad del «Monte» y le conceden un tratamiento sagrado y misterioso. En efecto, todo cuanto existe en la «Nfinda» tiene vida propia, desde un trozo de madera o una piedra a un simple puñado de tierra o unas hierbas. Todo está «vivo».