El Caldero Mágico del Mayombero

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En este libro se hace un estudio de la “nganga” que es un recipiente de hierro o de barro en el que el ngangulero introduce tan espíritu difunto llamado “nfumbe” o  “perro nganga”, los cuales domina y manipula a su voluntad. En este estudio se explica cómo se confecciona ritualmente este recipiente sagrado, acción que recibe el nombre de “fundamentar la nganga”. Por otra parte, la “nganga” presenta un ciclo de vida análogo al de cualquier ser vivo: nace, crece, se reproduce y muere; y este proceso es analizado detenidamente.

Los nganguleros que han colaborado con este libro emplean la voz «nganga» con cinco acepciones distintas:

  1. Como topónimo, posiblemente mítico.

  2. Cualquier fuerza de la ʺnfindaʺ.

  3. Cualquier espíritu difunto.

  4. Cualquier objeto que ha sido transformado en un objeto de «poder» a través de la hechicería; por ejemplo, un «resguardo» (amuleto).

  5. Cualquier recipiente en el que el «taita-nganga» o la «mama-nganga» ha introducido un espíritu difunto y ha concentrado todas las fuerzas de la naturaleza, las cuales domina y manipula de acuerdo con su voluntad.

Los nganguleros designan a dicho recipiente con numerosos nombres congos, bozales y castellanos1, además de utilizar la palabra «nganga»; no obstante, conviene señalar que en este estudio se han empleado los cuatro nombres más comunes, que son; «nganga», «prenda», «nkiso» o «fundamento» (especialmente el primero de ellos).

Para los nganguleros, «nganga» puede ser cualquier fuerza de la naturaleza susceptible a ser dominada y manipulada a través de las prácticas rituales de hechicería. Así pues, una «nganga» puede serlo por ejemplo: un rayo, una estrella, el sol, la luna, una montaña, un río, una piedra, un árbol, una hierba, una hormiga, o cualquier otra fuerza existente en la naturaleza.

Lydia Cabrera señala (1975 a: 118) que «nganga» significa «muerto» o «difunto», lo cual se constata a través de las informaciones recogidas de los nganguleros entrevistados.

También «nganga» se trata de un topónimo posiblemente mítico de una localidad situada en la parte superior de la gran cuenca del río Congo. En efecto, en algunos «kutuguango» o narraciones congas tradicionales, referidas por Ricardo O’Farrill, Noelia Martín, Sixta Patria Aguilera y Ernesto Aurelio Vandama Puente, se ha observado como se hace mención a la llamada «Tierra Nganga». Los mejores nganguleros informantes, es decir, aquellos que han aportado las mejores informaciones etnográficas para este libro, confirman la idea de que «nganga» es un topónimo. O’Farrill lo ha manifestado del siguiente modo:

«Un antepasado mío, que era un esclavo congo descomunal, que fue vendido en Matanzas y conducido a Unión de Reyes (provincia de Matanzas). Este contó a mi abuelo, luz y progreso para su espíritu, que en África había un territorio sagrado llamado «Tierra Nganga», situado junto a «nkián kián kuilo» (trad. el gran río); o sea, el río Congo. Era una tierra mágica y muy sagrada en la que los congos adoraban a las serpientes y sus hechiceros tenían unos poderes extraordinarios, por eso eran muy temidos».

Ernesto Dómini también contó que su abuela paterna, una princesa arará casada con un congo de nación, le contó a su padre que unos compañeros de ella, cuando trabajaba en un ingenio de Matanzas, le habían contado que en África existía «una tierra sagrada y misteriosa llamada «Nganga», situada junto a la tierra de los Mbumba, que también tenían hechiceros muy poderosos».

Tras consultar mapas muy detallados de la cuenca del Congo, no se localiza ningún lugar llamado «Nganga» en la actualidad; no obstante, sí se ha podido localizar una ciudad llamada Mbumba que está situada a unos 100 kilómetros de Basoko y a unos 300 kilómetros de Kisángani (antigua Stanleyville) a través del gran río Congo.

Ernesto Dómini también señala que su «taita», Andrés Reyes Larrondo, prestigioso ngangulero del barrio habanero de La Lisa, canta diversos mambos congos que hacen referencia a la «Tierra Nganga». Uno de estos mambos que Ernesto aprendió de su «taita» es un conocido canto heptotónico de la Regla de Congo Biyumba llamado «Lube lube» (trad. luz, luz), que hace referencia a este territorio sagrado africano.

1 En los «nsó-nganga» frecuentados se han recogido numerosos nombres congos, bozales y castellanos con los que los nganguleros designan a este objeto ritual; sin embargo, los más comunes son los que se han mencionado: «nganga», «prenda», «nkiso» o «fundamento». Entre los nombres recogidos, figuran los siguientes: Nombres congos: «Boumba». «Dilanga». «Kíndi», «kindí», o «kinde», «Kisí-malongo». «Kisí-ngongo». «Má-ngongo». «Magóngo». «Mpabie», o «mpabio». «Mpati». «Mpati-malongo». «Mpati-nganga». «Mpati-nkise». «Mpati-nkiso». «Mpati-wánga». «Ndiame», o «ndiamo». «Nganga». «Nganga-ngombo». «Ngangánbuka». «Ngangándula». «Nkise», «nkisi», o «nkiso», «Nkisi-malongo». «Nkisi-mulunda». «Wánga». Nombres bozales y castellanos: «Brujo». «Cueva». «Fundamento». «Genio». «Ingenio». «Madre». «Macuto». «Muía». «Muli» (de «muía»). «Múlu» (quizás, de «muía») «Mú-lánga». «Palo». «Sacu sacu» (de «saco»). «Sacu sacu macuto». «Semillero». «Tronco».