La Cofradía de los Nganguleros

NSO NGANGA LA COFRADÍA DE LOS NGANGULEROS
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Este Libro está dedicado al estudio de la estructura organizativa del Palo Monte Mayombe, La mayor parte de esta obra está dedicada al análisis de cómo es un “nsó nganga”(trad. Casa Templo), cuáles son sus características y cómo está organizado. Por último, se procede al análisis de dos “nsó nganga” concretos (uno establecido en La Habana y el otro en Madrid). El cabildo musundi ocupa un lugar destacado en esta obra, con toda su genealogía desde sus orígenes hasta la actualidad.

LOS ANTECEDENTES; LOS CABILDOS AFROCUBANOS

La incorporación del negro africano al sistema colonial español en América supuso una difícil inserción en el seno de la sociedad, ya que este tuvo que enfrentarse a un nuevo modo de vida en el que las relaciones sociales y económicas eran extremadamente diferentes a las que había tenido en África.

Como consecuencia de esta inadaptación, el negro africano experimentó una notable pérdida de su vitalidad, convirtiéndose en un ser apático e indiferente, siempre presto a una posible huida y en muchos casos al suicidio.

Los suicidios llegaron a convertirse en un fenómeno alarmante, tal como se desprende de las crónicas del padre Jean-Baptiste Labat (1742:442):

«Con frecuencia los negros se ahorcaban o se cortaban el cuello por motivos fútiles, principalmente para vengarse de sus amos con el perjuicio que les producían».

Este sacerdote también cuenta (1742:450) que los amos, como respuesta, cortaban la cabeza y las manos de los negros suicidas para persuadir a los demás negros de que los suicidas, al renacer en su tierra, no podían comer, ni ver, ni tampoco hablar1.

La existencia de estos suicidios eran muy frecuentes, y Fernando Ortíz explica (1975:360) que se daban con más frecuencia entre los lucumís, ya que estos no concedían transcendencia alguna al suicidio y creían que al morir, renacían en su tierra natal. También Fernando Ortíz expone que la forma más común de suicidio por parte de los negros era la de ahorcarse o envenenarse con curamagüey (Chinacum Grandifolium) y con guao (Comoclaudia Dentata); aunque también, en ocasiones, comían tierra o se asfixiaban con la propia lengua echándola hacia atrás.

Los casos de huida de negros esclavos fueron siempre muy frecuentes. El esclavo huido se llamaba «cimarrón»; y siempre buscaba la manera de esconderse en los bosques vírgenes, en la espesura de las maniguas o en lugares agrestes y montañosos de difícil acceso, procurando no ser capturado por las partidas de rancheadores, que eran grupos armados que estaban especialmente encargados de encontrar y reducir a los cimarrones. En ocasiones, estos esclavos formaban un grupo, que recibía el nombre de «cimarronería»; no obstante, a pesar de que en Cuba existieron cimarronerías, nunca llegaron a tener el carácter de las cimarronerías de Jamaica debido a que las condiciones del negro en Cuba eran muy diferentes.

Cuando los negros cimarrones lograban refugiarse en lugares de difícil localización y acceso, uniéndose además con algunas negras cimarronas, recibían entonces el nombre de «negros apalancados»; y los lugares donde se refugiaban y tenían sus propios cultivos y otros medios de supervivencia se llamaban «palenques»2.

Todos los problemas ocasionados por la inadaptación del negro africano hicieron que el gobierno de España buscase una solución a través de la promulgación de una legislación esclavista de carácter humanitario sin precedentes y que resulta un tanto sorprendente ante otras legislaciones como la francesa, la inglesa o la norteamericana. Dentro de esta política proteccionista hacia el negro africano y como producto de dicha búsqueda hacia su integración en la sociedad, hay que situar la Real Cédula e Instrucción a Indias sobre la educación, trato y ocupación de los esclavos, promulgada el 31 de mayo de 1789; y también, el Bando de Gobernación y Policía de la Isla de Cuba, promulgado por Gerónimo Valdés, Capitán General de Cuba, el 14 de noviembre de 1842, aunque entró en vigor en 1843.3

Este proteccionismo de la legislación española y la actitud de las autoridades españolas en Cuba, fueron las causas que determinaron el que las culturas africanas pudieran mantenerse vivas (religiones, lenguas, música, cantos, bailes, danzas, mitos, literatura oral y costumbres). De ahí que los afrocubanos hayan podido conservar sus raíces, unas raíces que los negros norteamericanos perdieron completamente.

Entre las medidas que se adoptaron para la integración del negro africano en el siglo XVI, estuvo el que se recomendara su participación en las fiestas de mascaradas que se celebraban con motivo de la festividad del Corpus Christi; sin embargo, las medidas verdaderamente importantes fueron tomadas en el siglo XVIII, entre las que destacan:

  1. La creación de funcionarios encargados de recoger acusaciones y testimonios de maltrato a los esclavos.

  1. Facilitar la manumisión de los esclavos.

  1. Permitir el que los negros africanos pudieran celebrar sus fiestas africanas en el Día de Reyes (6 de enero).

  1. Autorizar que los negros africanos pudieran hacer sus fiestas africanas en los propios barracones de los ingenios, donde además podían tener sus fetiches y continuar sus creencias y prácticas religiosas africanas.

  1. Otorgar al negro africano el derecho de poder agruparse en sociedades de socorro, ayuda mutua y divertimiento, que se nucleaban en los llamados «cabildos de nación».

Alejo Carpentier (1979:59) señala que la incorporación del negro africano a la procesión y festividad del Corpus Cristi tuvo lugar por disposición del cabildo de La Habana en el mes de mayo de 1573:

«…que se presten a ayudar a dicha fiesta (los negros africanos) lo mismo que asistieron a la famosa (procesión del Corpus Christi) de Sevilla».

Este autor cubano ha hecho la siguiente suposición (1979:59) sobre las danzas de los negros africanos en la festividad del Corpus Christi:

«…debieron de bailar danzas afines a las que pronto llegarían a España «traídas por la posta». Bajo veinte nombres habrían de conocerse en el Continente Americano, danzas que en suma -tal vez con ligeras variantes- eran lo que hoy se conoce por rumbas. Danzas sexuales, de pareja desenlazada, con gestos e intenciones siempre idénticos, que extendían sus raíces hasta ciertos bailes rituales de África. Danzas que en España e Italia se llamarían generalmente zarabandas, motivando la furia de los espíritus austeros, antes de perder su primitivismo, para pasar a los salones e inscribirse en la cultura coreográfica del siglo XVIII».

Sin embargo, posteriormente no hubo interés en que los negros interviniesen en la festividad del Corpus Christi con sus danzas y mascaradas, quedándoles únicamente la fiesta del Día de Reyes. Posiblemente esto fue debido a que la festividad del Día de Reyes venía mejor en cuanto a que era una festividad católica menos comprometida y se permitía dar una salida un tanto infantil al hecho de que los negros saliesen a bailar por las calles y ante el Gobernador General luciendo sus trajes africanos, sus máscaras y objetos rituales, ya que por aquel entonces era muy extendida la creencia de que el negro tenía una mentalidad infantil y una inteligencia poco desarrollada4.

La legislación española estableció la creación de un cuerpo de funcionarios encargado de recoger acusaciones y testimonios que presentaban los propios esclavos cuando eran maltratados o se les negaba la carta de libertad que tenían derecho a exigir mediante el pago de una cantidad convenida.

X. Marmier, viajero abolicionista francés que estuvo en Cuba a mediados del siglo XIX, señala en su obra «Lettres sur l’Amerique»5:

ʺLa ley obliga al propietario a liberar a su esclavo, no solo cuando este reembolsa la cantidad que ha costado, sino cuando la abona en varios pagos»6.

Lydia Cabrera ha hecho una exposición completa y muy documentada (1979:5-10) sobre las condiciones de los esclavos africanos en Cuba, citando además múltiples comentarios formulados por viajeros extranjeros del siglo XIX, todos ellos abolicionistas de renombre. Entre estos, cita a Humboldt, Morelet y Woermann.

Alexander von Humboldt en su «Ensayo Político sobre la Isla de Cuba» (París, 1827), realizó el siguiente juicio sobre la esclavitud en Cuba:

«En ninguna parte del mundo en que existe la esclavitud, es tan frecuente la manumisión como en la Isla de Cuba, porque la legislación favorece extraordinariamente la obtención de la libertad, no haciéndola onerosa ni obstaculizando su camino. El derecho que asiste a todo esclavo de buscar un nuevo dueño o de comprar su libertad, si puede pagar la suma que costó, el sentimiento religioso que induce a muchas personas de buena condición a conceder por su voluntad la libertad a algunos esclavos; la costumbre de retener un número de ellos de ambos sexos para el servicio doméstico y el afecto que despertaba en ellos el intercambio familiar con los blancos; las facilidades permitidas al negro que trabajaba por su cuenta, pagando una cantidad estipulada a su dueño, son causas principales que explican por qué tantos negros requieren su libertad en las ciudades.

La posición de los negros libres en Cuba es mucho mejor que en cualquier otra parte, aún entre aquellas naciones que se han jactado durante siglos de ser de civilización más avanzada. Hallamos que no existen aquí leyes bárbaras que aún son invocadas en nuestros días, y por las cuales se les prohíbe a los negros libres recibir donativos de los blancos, se les puede privar de su libertad y se autorizan a que sean vendidos en beneficio del Estado si son culpables de facilitar asilo a los negros que huyen».

Arthur Morelet, conocido y ferviente abolicionista francés, en su obra «Voyage dans l’Amerique Centrale, L´Ille de Cuba» (París, 1857), expuso claramente su odio hacia la esclavitud; sin embargo, al hablar sobre la esclavitud en Cuba, hace algunas puntualizaciones interesantes:

«No solo la legislación (española) es más liberal, más paternal, menos exclusiva que en ninguna otra parte del mundo; no solo se ha rodeado la existencia del negro de garantías más seguras y se ha dado una vía más ancha para conquistar su libertad, sino que he de añadir, la nación (española) se ha prestado sin esfuerzo a la aplicación de estos principios humanitarios. Hay una gran diferencia, lo digo con pesar, entre el tratamiento que reciben los negros en nuestras colonias (francesas) y el que reciben en Cuba, sobre todo en las ciudades, donde la suavidad de costumbres, sin borrar la flagrante iniquidad de la esclavitud, lo equipara a una domesticidad análoga a la de los países europeos».

En cuanto a Woermann, importante abolicionista norteamericano, al regresar de Cuba a los Estados Unidos, declaró:

«Con todo lo que puede decirse sobre la crueldad con que los españoles tratan a sus esclavos, y todo lo que se cuenta, es muy exagerado; estos nos ganan en instituciones que protegen a los esclavos enfermos, un ejemplo que debería de imitarse en nuestros estados del Sur».

Dentro de la política proteccionista española hacia el negro africano estuvo el permitir la creación de agrupaciones de africanos y sus descendientes criollos que tenían en común el hecho de pertenecer a una misma tribu o de venir de la misma región africana. Dichas asociaciones de negros, integradas por esclavos y libertos, tomaron el nombre de «cabildos de nación» por analogía a la corporación municipal, y estaban ajustadas a la legislación vigente que regulaba a las sociedades de socorro y ayuda mutua7.

Esteban Pichardo y Tapia en su «Diccionario provincial casi razonado de voces y frases cubanas» (1976:114), explica de este modo lo que eran los cabildos afrocubanos:

«Cabildo.- N.m.s.- Reunión de Negros y Negras Bozales que en casas destinadas al efecto los días festivos, en los que tocaban sus atabales o tambores y demás instrumentos nacionales, cantan y bailan con confusión y desorden con un ruido infernal y eterno, sin intermisión. Reúnen fondos y forman una especie de sociedad de pura diversión y socorro, con su caja, Capataz, Mayordomo, Rey, Reinas (sin jurisdicción), &c. //».

Fuera de La Habana, estas asociaciones de negros recibían también el nombre de «reinados», tal como señala igualmente Esteban Pichardo (1976:523):

«Reinado.- N.m.s.- En Tierradentro es sinónimo de Cabildo o reunión de Negros Bozales para aquellas fiestas en que hace de Reina una Negra, que sentada en su alto trono y acompañada de sus oficiales, presencia y preside el baile continuo y tocatas de sus súbditos. Véase Cabildo, &c.”.

Cada nación o región africana tenía sus propios cabildos, que según la procedencia de sus asociados, beneficiarios de dichas asociaciones, recibían denominaciones que aludían a su procedencia, como por ejemplo: Cabildo Africano Lucumí Changó Terdún; Cabildo de los Congos Reales; Unión de los Hijos de la nación Arará Cuévano; La Evolución, sociedad de socorros mutuos de la nación Arará Sabalú Africana; Sociedad de socorros mutuos de la nación Congo Mumbona; Sociedad de socorros mutuos de la nación Carabalí Ibó; Cabildo Africano de socorros mutuos Congos Macinga; y otros muchos.

Sin embargo, tal como señalan Fernando Ortíz (1921:7-8) y Mercedes Cros Sandoval (1975:43-44), estos cabildos afrocubanos no surgieron de forma espontánea en el siglo XVIII, ya que realmente ya existían cabildos de negros esclavos en España desde el siglo XIV.

Femando Ortíz afirma (1921:21) que los cabildos o cofradías religiosas tuvieron su origen durante el reinado del Rey Alfonso X, El Sabio, a mediados del siglo XIII, quien dispuso que los moradores de Sevilla se agruparan en gremios y clases, y se fundasen hermandades y cofradías tomando cada gremio algún santo como patrono especial, y cuya capilla se utilizase para la celebración de sus juntas o cabildos. No obstante, estos cabildos o cofradías religiosas agruparon más tarde no solo a los moradores blancos de Sevilla, sino también a los negros esclavos.

En efecto, el cronista Ortíz de Zúñiga en sus «Anales eclesiásticos y seculares de Sevilla» (1474) dice que en 1390, durante el reinado del Rey Enrique III, tuvieron lugar en Sevilla bailes y fiestas de los esclavos africanos. Dichos esclavos estaban agrupados en cofradías o cabildos y tenían al frente a un mayoral que hacía las veces de juez y jefe de los esclavos, era el responsable ante sus amos de cuanto hiciesen, y servía además de interlocutor o representante oficial de los esclavos africanos ante las autoridades.

Este mayoral, que también era un esclavo africano, era quien presidía las fiestas y los bailes que organizaban los esclavos negros de Sevilla; y es el antecedente directo de la institución del Rey (también llamado «Capataz» o «Capitán») en los cabildos afrocubanos8.

En el siglo XVI, la voz «cabildo» se empleaba para designar a las reuniones o juntas de las cofradías religiosas. Por otra parte, el cronista Justino Matute y Gaviria9 . En sus «Noticias relativas a la Historia de Sevilla» (1886), expone que en 1584 se dio sitio a la Hermandad de Nuestra Señora de Iniesta para que «los cofrades hagan su cabildo».

1 Esta práctica no sólo era privativa de Cuba, sino que también se hacía en otros lugares. Moreau de Saint Méry (1796:35) muestra un cuadro muy similar en Haití, donde algunos amos de esclavos les cortaban la nariz y las orejas a los negros suicidas para que los esclavos no siguieran su ejemplo, ya que de lo contrario renacerían sin honra en su tierra.

2 El Gobierno de España promulgó el Reglamento de Cimarrones el 20 de diciembre de 1796. En la primera parte se refiere a los apalancados y en la segunda a los cimarrones simples. Ver: Fernando Ortíz (1975:416-422). Este Reglamento de Cimarrones fue reformado posteriormente por Real Cédula de 7 de febrero de 1820 y por Real Orden de 1822.

3 Hortensia Pichardo (1977:316-326) hace referencia a la Real Cédula e Instrucción circular a Indias de 31 de mayo de 1789; y también al Bando de Gobernación y Policía de la Isla de Cuba de 1842. Este Bando tiene dos anexos, el primero (pp. 59-68) ha sido llamado «Reglamento de Esclavos», puesto en vigor desde 1843. Ver también: «Bando de Gobernación y Policía de la Isla de Cuba expedido por el Excmo. Sr. Don Gerónimo Valdés, Presidente, Gobernador y Capitán General» (1842).

4 Sobre esta idea tan extendida por aquel entonces, existe abundante información en la obra de Paul-Marie Barret (1888: 147).

5 Cita de Lydia Cabrera (1979:7).

6 Lydia Cabrera afirma (1979:7) que en los archivos de Cuba existe abundante documentación sobre pleitos puestos por los propios esclavos a sus amos por negarse éstos a concederles la carta de libertad o bien por recibir malos tratos. Entre los numerosos pleitos ganados por los esclavos demandantes, cita el del esclavo Benito Creagh contra su amo Don Manuel de Jesús Alemán en 1831, debido a que éste se negaba a concederle la libertad a pesar de que su esclavo había pagado por ella. El amo perdió el pleito, y como el esclavo había estado en la cárcel, tuvo que pagar los costes del juicio y los alimentos que el esclavo había consumido en la cárcel. Otro caso citado por Lydia Cabrera, es el que recogió en el archivo del comandante Marciano Gajate. Se trata de una carta del Capitán General Don Domingo Dulce con fecha de 18 de marzo y que remite al Excmo. Sr. Regente de la Real Audiencia, «a fin de que la Sala Sentenciadora informe lo que le ofrezca y parezca en calidad de devolución a la adjunta instancia que a S.M. la Reina (Q.D.G.), eleva la negra Gabriela Lincheta». En este segundo caso, la negra había enviado una instancia a la Reina denunciando haber recibido malos tratos; y en muchos casos, cuando el amo desobedecía, se le imponía una multa de 200 pesos.

7 Conviene señalar que el estudio de los cabildos afrocubanos no es materia de investigación en este libro. Tan sólo se ha pretendido hacer una reseña histórica para poder señalar de este modo los antecedentes de la organización social del Palo Monte Mayombe.

8 La voz «mayoral» aún se emplea frecuentemente en Cuba para designar al capataz de los trabajadores agrícolas de los ingenios azucareros. El cronista Ortíz de Zúñiga (1474) señala: «Eran en Sevilla tratados los negros con gran benignidad desde los tiempos de Don Enrique III, permitiéndoseles juntarse en los bailes y fiestas en los días feriados, con que acudían gustosos al trabajo y toleraban mejor su cautividad.

9 Justino Matute y Goviria. «Noticias relativas a la Historia de Sevilla», (1886). Cita de Fernando Ortíz (1921:21).