La Nfinda, la concepción del Ser y del Conocimiento

En el Palo Monte Mayombe los nganguleros establecen grupos clasificatorios en los que agrupan a todos los seres que existen en la “Nfinda” o naturaleza estos son: Los seres“ambaro” son aquellos que son inteligentes al poseer la fuerza “ntu” o inteligencia; y son: “Nsambia” (Dios) los “mpungu” o santos congos, los “nfuiri ntoto” o espíritus difuntos y los “bantú” o seres humanos. Los seres “matui” son aquellos que pertenecen al mundo animal, vegetal y mineral; todos ellos carentes de “ntu”, por ejemplo: un árbol. Los seres“kuna malanda” son los seres espaciales y temporales entendiendo el tiempo y el espacio como una única unidad espacio-temporal y no como dos unidades independientes; son, por ejemplo: un río. Los seres “mankíndi”, que son los seres modales, concebidos todos ellos como seres autónomos; por ejemplo: la belleza, la muerte.

Antes de abortar de lleno los conceptos esenciales del Palo Monte Mayombe, religión surgida en Cuba por la mezcla de esclavos bantúes de diversa procedencia étnica, e introducir al lector en los entresijos de su filosofía, tal y como han llegado hasta nosotros, se hace necesario una contextualización dentro del pensamiento bantú, digamos, “tradicional”, y de las principales prácticas afrocubanas, para una mejor comprensión del esquema actual existente en la praxis criolla que se plantean en esta obra.

El bantú por lo general y el bakongo en lo particular, vive el mundo circundante en lo que he denominado dos “Naturalezas”: la “Naturaleza Visible” y “Naturaleza Invisible”. Esto es así por la propia concepción de su mundo, sus leyes sociales, tabúes, religión, mitos y leyendas, en resumen, todos los componentes de su sociedad, tienen para ellos una triplicidad intrínseca, en lo existencial, en lo concreto y en el significado. Para el bantú, el árbol no solo es un árbol, sino que además de una planta, es un “ser vegetal” que tiene “poderes mágicos”, propiedades o funciones que lo convierte en poseedor de “mpungo” una “fuerza cósmica dinámica” depositaria de “poderes mágicos” y a su vez allí entre sus ramas, su tronco o sus raíces, habitan “seres que van a buscar su sombra” para fortalecerse, o simplemente descansar. El llanto, la risa o el enojo, no son simplemente una muestra de emociones, sino que pueden ser, además, una manifestación de esa “fuerza” y pueden tener otro significado o bien pudieran ser “un aviso” que va mas allá del propio hecho emotivo. Entender ese mundo bantú, que abarca todas las manifestaciones de su cotidianidad y su universo cosmológico objetivo y subjetivo, es el principal argumento de este libro.