Símbolos místicos y esotéricos del Palo Congo Mayombe

Las Firmas, Tratados o Patimpembas son grafías de vital importancia dentro de la religión Mayombe. Este libro aborda su lenguaje capaz de trasmitir mensajes y conceptos mágicos entre iniciados, mostrando las claves para interpretarlas y aplicarlas dentro del ritual mayombero. Se recopilan, patimpembas de los más importantes linajes de religiosos de Cuba algunas con orígenes tan lejanos como del siglo XVIII. Es un trabajo de investigación inédito que servirá sin lugar a dudas de base para futuras investigaciones a otros africanistas.

En breve...

Desde hace mucho tiempo vengo expresando en conferencias y reuniones académicas mi tesis sobre la casi nula existencia de las llamadas “firmas” o “patimpembas” en la práctica religiosa originaria de los bakongo llegados a Cuba en los primeros tiempos de la trata de esclavos, esta tesis la fundamento en dos razonamientos. Primero, después de estudiar en profundidad la cultura bakongo y de recorrer casi todo el territorio africano que abarca las etnias que lo componen y quienes fueron los que aportaron mayores contribución a la creación del Palo Monte como religión, no he encontrado “firmas” o “patimpembas” con altos grados de coincidencia simbólicas e interpretativas que hagan suponer alguna conexión con las “firmas” que en Cuba se atribuyen a divinidades o mpungu de origen Congo, las firmas que existen entre los bakongo son en realidad más simples y muy didácticas empleadas para fines curativos y de identificación. Y mi segundo razonamiento, está motivado por la probada unión entre congos cubanos y ekobios (hermanos) abakuá, así como con practicantes del vudú dos religiones con similitudes religiosas y filosóficamente cercanas al bakongo y fundamentales en la grafía actual del Palo Monte reflejadas en sus firmas o patimpembas.

Voy a compartir con ustedes en estos artículos parte de los argumentos que me han llevado a esa tesis que comparto con otros investigadores cubanos de excelente trayectoria, les propongo primeramente leer lo que escribió en su obra Los Ñáñigos el escritor cubano Enrique Sosa Rodríguez (premio Casa de las América 1982), en síntesis muy apropiada para hacerse una idea de las líneas de investigación que he seguido:

Ereniyó, llaman los ñáñigos, a su complejo sistema gráfico, integrado por anaforuanas o «firmas» de las jerarquías, «sellos», «emblemas» o «banderas» representativos de cada una de las divisiones ñáñigas, territoriales o por sociedades, y, en general más complejos, gandós que describen acciones, delimitan superficies y rompen barreras tempoespaciales re­trotrayendo el ritual a sus añejas fuentes africanas.

Los signos crean, dominan, vinculan, vitalizan mágicamente personas, objetos, episodios… y permiten su acción. «Del signo nace la religión», dicen los ñáñigos, y, como controlan a los espíritus, todo en el ceremonial abakuá debe ser «rayado».

Diferentes «trasos sagrados» utilizados en mayombe para «arrear» o hacer «trabajar» el nfumbe.

Ereniyó es una escritura ideográfica, de la cual también hay evidencias en Cuba en las reglas de Ocha y Conga, que en abakuá llega a adquirir su mayor complicación y riqueza; ha supervivido gracias a la tradición práctica y a «libretas» ñáñigas pero con pérdidas inevitables, variantes entre unas y otras ramas y potencias, y sincretismos y modificaciones que incluyen el uso de la cruz cristiana, la calavera y tibias cruzadas (por la muerte o para ceremonias fúnebres) y el dibujo, realista, de serpientes, rostros (el de Sikaneka), pal­mas, peces (por Tánze) y vasijas no estilizadas como las de los dibujos originales, los que parecen proceder más directa­mente de África. Con el sincretismo perdió ereniyó, con la pureza primigenia que dota al símbolo de muy bellos —y herméticos— niveles de abstracción, valor estético: mientras más germina, más prístina, más artística y generosamente significativa es la escritura sagrada de los ñáñigos.

Además de los anaforuanas, «emblemas» y gandós hay otros dibujos como los del «rayado» de iniciados y obones y el de los tambores y demás objetos litúrgicos que quizás pueden ser calificados como anaforuanas o como gandós.

Sello de Tambor, según la tradición Mayombe se coloca en el parche del tambor rayado con yeso blanco para tañer el sacro instrumento en rituales de «despedida» o fúnebres.

A cada ceremonia le corresponde uno o más gandós pues, si esta es compleja, cada acto o aspecto de la misma posee su gandó propio. Los hay que son como mapas donde se rehacen lugares y presencias recogidas en el mito.

Las grafías ñáñigas se componen, en general, de figuras geométricas: líneas, óvalos, cuadros, rombos, rectángulos, triángulos… que se entrecruzan, extienden o disponen de acuerdo a su función representativa. A. su respecto, para facilitar la «lectura» de los anaforuanas, «sellos» y gandós que adjuntamos, pueden adelantarse los siguientes testimo­nios ñáñigos y/o apreciaciones nuestras:

A efik corresponde el signo +, a efor el 0 y a oru-bibi la unión de estos dos la cruz dentro del círculo; la cruz (griega) es el «cuatro vientos» del cual apunta Fernando Ortiz:

“Para el brujo africano, según hemos observado en todos los ritos afrocubanos, tienen mucha importancia las encrucijadas, cuatro caminos o cuatro esquinas, hacién­dolas figurar frecuentemente en sus ritos. Los cuatro puntos equivalen a los «cuatro vientos» o sea los cuatro puntos cardinales y, por extensión, a todo el espacio del mundo.”

El círculo es «la base de la güira que llevaba Sikaneka al río», es «el parche del tambor» y es Chabiaca —recor­darlo como uno de los nombres de Mokongo— por sig­nificar «la unión de todos los abanekwes». El círculo está dividido por un «cuatro vientos» dentro de cada uno de cuyos espacios, entre líneas, hay cruces (para efik) u óvalos (para efor). «El círculo en el tambor arakuasaka, la línea vertical de la cruz ensiamá o endora y la horizontal, de izquierda a derecha, ansíame o endorañé»;

Los óvalos (para efor), en número de cuatro, integrados a los espacios del cuatro vientos son, para unos, los ojos de Tánze —los superiores— y de Sikaneka —los infe­riores— y, para otros, los cuatro obones o jefes máximos. Los ekoi adoraban los guijarros o «chinas pelonas» como «huevos de la tierra», como símbolos de la fertilidad de la naturaleza, los situaban en sus altares y aparecen en su escritura nsibidi. Creemos que mejor que ojos u obones los óvalos representan «huevos de la tierra». Los ñáñigos llaman iboco iro a los óvalos de la izquierda e iboco eroco rimi a ‘los de la derecha;

El largo trazo que culmina en una punta de flecha, erikuá, representa «el camino del espíritu», el «curso del río Oddán», la palma, la ceiba… Por las flechas entran y salen los espíritus, a veces fortalecidos con el esta­llido de pólvora regada a lo largo de las mismas. Hay flechas —o líneas— plumadas que representan muñones con equivalencia similar en nsibidi. La flecha, trazo mágico, «une al abanekwe con lo Divino». En los ritos de iniciación el gran tramo central que parte del iriongo (de ekwé) y recorre el fambá hasta la puerta de en­trada —se dibuja sobre el suelo— se llama ansiamá;

El cuerno brujo, por Nasakó o Ekoumbre, posee su equi­valente en «Regla Conga», es decir entre los descen­dientes culturales de los bantú, que lo llaman ntubikán y/o mpaka.

Como se ha expuesto el «escribiente» en abakuá es Mpegó, a quien ayuda Moruá Ngomo.

Para facilitar la exposición y lectura de ereniyó se presenta como sigue:

  1. Firmas (incluyendo el «rayado» de tambores, «otros signos» y el «rayado» de iniciados y obones).

  2. Sellos de potencias y distritos.

  3. Gandós.

Las fuentes de donde se han obtenido estos datos son muy diversas e incluyen «libretas ñáñigas» y el libro La Sociedad Secreta Abakuá de Lydia Cabrera (lectura de arriba a abajo y de iz­quierda a derecha)